Científicos argentinos descubrieron el esqueleto de una mujer inca con una elevada posición social en una fortaleza prehispánica en el pueblo de Tilcara, situado en la provincia de Jujuy.

Los restos fueron encontrados tras realizar varios análisis, se concluyó que la mujer había nacido en otra zona, y su fallecimiento data del siglo XVI, el momento en que colapsa el imperio inca, que había dominado hasta entonces la zona.

Los investigadores determinaron que el esqueleto había sido manipulado, al faltar su tibia derecha, que podría haber sido utilizada, según creen los investigadores, ya que en el mismo pucará fueron hallados otros huesos convertidos en instrumentos musicales o para inhalar alucinógenos.

La manipulación de los restos humanos fue una práctica común en la zona y respondía a creencias religiosas.

Los científicos creen que, en situaciones de conflicto, el culto a los ancestros cobró nuevas fuerzas, porque se creía que los antepasados eran quienes podían brindar protección; esta explicación concuerda con el caso de la mujer inca, que falleció probablemente en plena época de la lucha contra los españoles.

Sus restos estaban colocados en posición genuflexa, y junto a ellos se encontraron, además del tubo de hueso empleado para consumir alucinógenos, diversidad de piezas cerámicas, huesos de animales, cuentas de collar, placas de metal, pigmentos, bloques de pedernal, y dos morteros con adherencias de mineral de cobre y hematita.

Del hallazgo se pudo concluir también que, por la ausencia de una estructura para contener el cadáver y la presencia de fauna cadavérica, la mujer estuvo parcial o completamente expuesta, y no fue movida desde que su cuerpo se depositó en un patio.

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