El 26 de septiembre de 1999, en la Abarrotera Celaya de la Central de Abastos, bajo un letrero de venta de pañales desechables, estaban almacenados de manera ilegal 4 toneladas de pólvora y artículos de pirotecnia, que a las 9:50 de la mañana comenzaron a incendiarse.

A las 10:15 de la mañana sobrevino la primera explosión, cuya onda expansiva mató al instante a decenas de personas que quedaron mutiladas sobre las calles. Hubo otras cuatro explosiones de baja intensidad, sin embargo los cuerpos de emergencia que se reunieron en el lugar a asistir a los heridos no sabían que la tragedia se haría mayor con otra explosión media hora después que terminó por matar a más personas que estaban ayudando y a bomberos y rescatistas. Fueron 72 muertos y 350 heridos graves, con mutilaciones severas.

La segunda explosión intensa hizo volar automóviles, cuerpos, y hasta unidades de bomberos y Cruz Roja. Esa mañana fatal los celayenses corrían buscando entre escombros a sus seres queridos; a los que estaban en la zona y a los que fueron a ayudar en el rescate que los mató la segunda explosión.

La Unidad Deportiva Miguel Alemán fue habilitada como morgue. Los 72 cuerpos fueron canalizados al lugar para que ahí sus familiares pudieran identificarlos.

La estela de humo era visible a kilómetros de distancia, la onda expansiva destrozó  los vidrios de la Central de Autobuses y de innumerables inmuebles de la zona quedaron destruidos totalmente.

El boletín informativo de la Procuraduría General de la República, PGR, indicó que se trató del manejo ilegal de pólvora por parte de la Abarrotera Celaya, pero no fue más allá cuando la cadena de corrupción manchó al mismísimo Vicente Fox, gobernador del estado aspirante a la presidencia de la república.

Deneck Inzunza.

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