El mundo del arte está, cada vez, más lleno de contrastes que tienen un poder y un atractivo innegables para el espectador que los contempla; pocas cosas son más efectivas que una descontextualización bien hecha.

Y es que para todos esos que continúan creyendo que el «street art» o las intervenciones urbanas no son manifestaciones artísticas como tales o que no encierran calidad, va dirigido este artículo.

Julio Anaya Cabanding, es un joven artista malagueño de los de hoy pero con gusto por el ayer; entre sus pintores favoritos se encuentran Rembrandt, Johannes Vermeer o Caspar David Friedrich, y son las obras de éstos las que Julio recrea y replica de una manera peculiar.

Con la intención de convertir zonas de aspecto abandonado o marginal en auténticos museos que albergan pinturas universales, Julio pinta en paredes llenas de graffitis, reconocidas obras del arte con pasmosa exactitud y rematadas con marcos de inspiración clásica.

Además del talento que tiene para la réplica, en su obra también se puede ver un claro don recreando volúmenes que producen el curioso efecto óptico de que cada creación parece un cuadro real colgado en mitad de ninguna parte.

Nos parece de lo más interesante esta oleada de artistas que han decidido, mediante sus intervenciones urbanas, dar a conocer el arte clásico y poner la cultura a pie de calle; como lleva un tiempo haciendo Julien de Casabiancas o, recientemente, Die Dixons con su impresionante Gioconda» de 16 metros en una vivienda de Berlín.

Sus increíbles pinturas bidimensionales están hechas con pintura acrílica que él mismo se encarga de mezclar para asegurarse de que su réplica va a ser lo más fiel posible a la original.

Esperemos que esta nueva tendencia que mezcla la tradición más clasica con los entornos más contemporáneos no sea una moda pasajera porque ¿quién sabe? Igual en un futuro son estos trozos de muro los que decoran los museos y las galerías de arte más prestigiosas.