Todas las partes, incluidos los funcionarios mexicanos que se reúnen con negociadores de Trump en Washington esta semana, esperan que las conversaciones de alto nivel permitan al presidente retractarse de su amenaza. Pero ante la previsión de que los aranceles entren en vigencia el lunes y Trump declaró que es “lo más probable” que eso suceda, los legisladores republicanos han advertido a la Casa Blanca que están dispuestos a oponerse al presidente.Pero no estaba claro si tenían votos suficientes para impedirlo, y el presidente dijo que serían “tontos” si lo intentaran.

El diferendo público y el enfrentamiento inminente pusieron de manifiesto una divergencia fundamental de valores entre el presidente y su partido. Trump usa los aranceles como palanca para conseguir lo que quiere, en este caso obligar a México a esforzarse más para detener la inmigración ilegal. Para los republicanos, los aranceles son contrarios a la ortodoxia económica y constituyen solo impuestos a los que se oponen enérgicamente.

El líder de mayoría en el Senado, Mitch McConnell, dijo que “en mi bloque no hay demasiado apoyo a los aranceles, de eso no cabe duda”.

En un largo almuerzo a puertas cerradas en el Capitolio, los senadores se turnaron para advertir a los funcionarios de la presidencia que habría problemas si el Senado de mayoría republicana desaprueba los aranceles. El rechazo legislativo sería una fuerte censura a Trump, más aún que un intento anterior de impedirle trasladar fondos a la construcción del muro fronterizo que promete desde hace tiempo.

El ánimo es de “profunda preocupación y resistencia”, dijo el senador tejano Ted Cruz.

El desenlace sería incierto, ya que Trump podría tratar de vetar una resolución adversa como lo hizo antes. Pero muchos republicanos que votaron contra Trump meses atrás en realidad estaban a favor del objetivo de construir el muro, solo objetaban que usara su autoridad ejecutiva para lograrlo. Ahora el presidente no tiene ni de lejos el mismo respaldo para los aranceles.

La oposición republicana se fundamenta en los temores de las consecuencias que tendrían los aranceles para los ingresos del común de la gente. Los senadores temen que provoquen aumentos de los precios al consumidor, perjudiquen la economía y hagan peligrar un acuerdo comercial entre Estados Unidos, Canadá y México cuya aprobación está pendiente.

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