El hallazgo en el sur de Argentina del esqueleto casi completo de un plesiosaurio de 65 millones de años se perfila como el descubrimiento más importante de esta especie de reptil marino en Sudamérica y promete dar nuevas pistas a los científicos.

Tras una ardua tarea de excavación en el Lago Argentino de El Calafate, donde en 2009 fueron encontrados los restos, el Museo Argentino de Ciencias Naturales de Buenos Aires culmina ahora un intenso proceso de estudio que ha incluido la reconstrucción de las piezas para poder ser exhibidas.

El dinosaurio, cuyo esqueleto era similar a una tortuga marina y habitaba los mares de la época de la era Mesozoica -la edad de oro de los reptiles que finalizó hace 65 millones como consecuencia de un impacto de un meteorito- tenía patas transformadas en aletas o paletas que les permitían desplazarse en el medio acuático, cuello largo terminado en cabeza pequeña armada con dientes puntiagudos.

Los restos de plesiosaurios son abundantes en Europa, EE.UU. y Norteamérica. En Sudamérica y en la Patagonia -el extremo sur de Argentina- son más escasos, por lo que este descubrimiento “tiene mucha importancia al ser la primera vez que hallan un esqueleto tan completo, articulado y muy informativo desde el punto de vista anatómico, que permite comprender aspectos antes desconocidos de la morfología y evolución de los plesiosaurios en el hemisferio sur”

Desde que los materiales llegaron al museo, pasaron nueve años para que pudiesen extraerlo de la roca del Lago Argentino, en la provincia de Santa Cruz, por ser tan dura como el granito.

Tuvieron que utilizar distintos tipos de herramientas para poder “devastarla y romperla de diversas formas hasta llegar a los huesos, pero los fósiles son muy frágiles, hubo que trabajar con herramientas de mayor precisión, como martillos de punta fina para limpiar la roca y liberar el hueso sin que se dañara”, detalló.

Las inclemencias climáticas del lago en el que se encontraba el esqueleto dificultaron la tarea, ya que se trata de un lugar de origen glaciar, donde algunas veces el viento alcanza los 80 ó 100 kilómetros hora y levanta olas descomunales. En invierno cae nieve y en verano las radiaciones del sol craquelan las rocas.

Los técnicos tuvieron que hacer un trabajo increíble y a contrarreloj porque se estaba produciendo lentamente el deshielo del glaciar Perito Moreno y con la llegada del verano a medida que subía el nivel del lago, cubría la excavación.

“Desafortunadamente, perdimos el cuello y la cabeza del esqueleto, probablemente se lo llevó el oleaje“, lamentó el paleontólogo. No obstante, el grupo de expertos pudo realizar una reconstrucción del esqueleto para poder colgarlo del techo de la sala de paleontología del Museo Argentino de Ciencias Naturales.

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