El robo a gran escala de combustibles a Pemex tiene un inédito antecedente durante la Segunda Guerra Mundial, cuando agentes del Tercer Reich enviados a México saquearon y se llevaron de contrabando miles de barriles para que sus submarinos pudieran operar en el Golfo de México sin tener que regresar a Europa para rellenar sus tanques.

En mayo de 1940 el presidente Lázaro Cárdenas recibió un reporte de la Secretaría de Gobernación elaborado por Heriberto Conrado Meili, titulado Los Nazis en México.

El documento destacaba el espionaje del Tercer Reich sobre la industria nacional. Salvo nuevos indicios, creemos que la industria petrolera es por ahora la única que ha merecido interés especial por parte del nazismo.

En Petróleos Mexicanos, tanto en la Administración como en las refinerías como en los campos mismos, se encuentra ocupado un gran número de empleados y técnicos nazis.

Cuando el presidente Lázaro Cárdenas nacionalizó la industria petrolera en 1938, Holanda, Inglaterra y Estados Unidos decretaron un boicot para no comprar el petróleo Mexicano y convencieron a otros países para que se les sumaran.

La Alemania de Hitler, junto con la Italia de Benito Mussolini, fueron las únicas naciones que rechazaron el boicot contra el crudo mexicano. Tras la nacionalización del petróleo, México le llegó a vender alrededor del 70 por ciento de sus exportaciones a los países del Eje.

A partir de ese momento los agentes alemanes organizaron una intrincada red para que el petróleo continuara llegando de contrabando a las refinerías de Hamburgo a través de Panamá.

Oficiales nazis que trabajaban como espías en la capital del país encontraron la manera de saquear la vieja refinería de Pemex ubicada en el municipio de Cerro Azul, en el estado de Veracruz.

A través de tomas clandestinas y ductos enterrados, extraían el combustible de la refinería, «de ahí lo trasladaban a unos almacenes que construyeron en Isla de Lobos -también en Veracruz-, así como en otras pequeñas islas, para que los submarinos alemanes se surtieran de diésel y no tuvieran que regresar a Europa».

La mente detrás del saqueo de combustibles fue el petrolero estadounidense Rhodes Davis, quien falleció de un ataque cardíaco en 1941.

Las tomas clandestinas se descubrieron tiempo después del final de la guerra y con las piezas de las válvulas y los ductos se creó una escultura en las instalaciones de la vieja refinería.

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