El director general del departamento de Asuntos Exteriores de la Fiscalía General, Chatchom Akapin, confirmó a Efe que en la tarde del lunes un tribunal tailandés ordenó la liberación de al Araibi, después de que la fiscalía retirara la petición, que había sido emitida por Baréin.

Según Akapin, el Gobierno de Baréin solicitó a través del ministerio de Exteriores tailandés la retirada de la demanda de extradición, que la fiscalía tailandesa presentó en representación del país árabe ante el tribunal penal de Bangkok, que aceptó la petición.

El refugiado salió en furgoneta de la prisión Bangkok Remand y, según confirmó el primer ministro australiano, Scott Morrison, tiene previsto embarcar esta noche en un vuelo con destino a Melbourne, donde mantiene su residencia.

El futbolista, de 25 años y jugador del equipo semi profesional Pascoe Vale, fue detenido el pasado 27 de noviembre en Bangkok, a donde llegó junto a su mujer para pasar la luna de miel.

El arresto se produjo a raíz de una orden emitida por Interpol y que contravenía la propia normativa del organismo internacional, pues establece que el país de origen de un refugiado no puede emitir un requerimiento, como sucedió en este caso.

Aunque Interpol canceló la orden el 4 de diciembre, para entonces Manama ya había solicitado a Bangkok la extradición del futbolista, conforme al argumento de las autoridades tailandesas.

El futbolista, que denunció que fue torturado en 2012 antes de huir de Baréin, defendió su inocencia al alegar que cuando ocurrieron los hechos por los que fue condenado estaba disputando un partido con la selección de su país.

Tailandia no es signataria de la Convención de la ONU para los refugiados, y ha sido criticada con anterioridad por enviar a refugiados y solicitantes de asilo a países donde se enfrentan a persecución e incluso a tortura.

«El caso de Hakeem debería ser una llamada de atención a las autoridades (tailandesas) para cambiar sus políticas crueles e inhumanas para los refugiados. Las personas que huyen de la persecución en sus países de origen merecen protección y ayuda, y no ser tratados como delincuentes y encerrados en prisión», zanja Kasit, exministro tailandés de Exteriores entre 2008 y 2011.

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