Un día como hoy, de 1914, justo después de la medianoche, la mayoría de las tropas alemanas que participaban de la Primera Guerra Mundial dejaron de disparar sus cañones y fusiles y comenzaron a cantar villancicos, haciendo un alto al fuego unilateral mientras adornaban sus trincheras de distintos frentes en una tregua informal. Al amanecer en el frente occidental, los soldados alemanes salieron de sus trincheras y se aproximaron a las líneas aliadas gritando “Feliz Navidad” en las lenguas de sus enemigos.

En un comienzo, los soldados aliados temieron que se tratara de una trampa, pero al ver que los alemanes no portaban armas, salieron también de sus trincheras. Un oficial alemán portaba un sombrero en el que traía cigarros y chocolates, los que de inmediato ofreció al enemigo sorprendido por el gesto.

Estrecharon sus manos, cantaron villancicos y canciones e intercambiaron cigarrillos y alimentos como regalos. Incluso, dos grupos de soldados de bandos enemigos se enfrentaron en un partido de fútbol, reportando a la historia una victoria de 2 a 1 de Alemania sobre Inglaterra, un resultado futbolero jugado sobre un campo de batalla cubierto de muertos de los cruentos enfrentamientos recientes, por lo que no todo fue entregar obsequios y cantar: ante este alto al fuego de corta duración, algunos soldados se abocaron a la tarea de recuperar los cuerpos de sus compañeros caídos entre las líneas de combate.

Los soldados intercambiaron anécdotas y se mostraban las fotografías de sus seres queridos en sus lugares de origen. Las guerras las organizan viejos que se conocen y se odian, pero las pelean a muerte jóvenes que no se conocen y no se odian.

Esa noche navideña y el futbol pudieron más que el mismo Papa Benedicto XV que pidió un cese al fuego que fue desoído, y la presión de los altos mandos de los ejércitos que no permitía ese tipo de treguas informales.

Por eso duró poco. Tres disparos desde una trinchera anunciaron el fin de este paz efímera en plena guerra mundial y volvieron las hostilidades que costaron más de 20 millones de muertos.

Deneck Inzunza.

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