En medio de la soledad y el silencio de la avenida Reforma Agraria y Ejido de Canoas, murió Uriel N., a quien sujetos no identificados le dispararon a corta distancia tras bajarlo de un vehículo y burlarse de él con insultos y risas sarcásticas.

Luego de oírse las voces todo quedó nuevamente en silencio. La víctima, conocida en redes sociales porque hace tiempo lo descubrieron robando motocicletas y fue amarrado por los propietarios para darle una cinturoniza, quedó tirada cerca de un mezquite.

Rato después, la gente escuchó a alguien hablar en voz muy alta por teléfono diciendo que había un hombre muerto en Monte Blanco, colonia ampliamente conocida por su elevado nivel de delincuencia y problemas entre pandilleros.

Eran las 2:30 horas de este viernes cuando cortaron la existencia del hombre. Cuentan los testigos que escucharon unos cinco balazos, un grito “como de emoción” y el motor de un automóvil al ser acelerado a alta velocidad.

Más tarde, cuando los vecinos aún no se animaban a salir para ver qué había pasado, llegaron los familiares del occiso y su llanto rompió el silencio de la madrugada, fue entonces que la gente empezó a asomarse para saber qué había ocurrido a unos metros de sus viviendas.

Un vecino contó que escuchó cuando gritaron “por pendejo”, los balazos y el arrancón del coche al escapar los “amigos” de Uriel, quien tuvo su domicilio hasta el final de la calle Ejido de Canoas. A lo lejos, el ruido de la música del estéreo se fue apagando poco a poco, como la vida del muchacho, tirado en la calle, cerca de su casa.

Casi cuatro horas después, abordaron el cadáver a la camioneta de traslados del Servicio Médico Forense. Atrás quedó una historia de vida y muerte como muchas otras que son truncadas de manera violenta, signo de los tiempos actuales.