En lo que va del 2022 se han registrado 3 crímenes violentos contra líderes religiosos en este país.

El pasado lunes, se sumaron los casos de los secerdotes Javier Campos Morales, de 79 años, y Joaquín César Mora Salazar, de 80 años, asesinados en una iglesia de Urique, Chihuahua.

Concretamente fue en Cerocahui, parte de la Sierra Tarahumara, donde, en una primera versión, se dijo que ambos sacerdotes intentaban proteger a un hombre que había entrado a la parroquia Francisco Xavier buscando refugio, pues lo estaban persiguiendo para acabar con su vida.

Fue en ese momento, que el comando armado que perseguía al hombre, que trabajaba como guía de turistas, abrió fuego contra todas las personas del recinto religioso. Aparentemente, las tres víctimas fallecieron en el acto. Por algún motivo, los tres cuerpos fueron retirados del lugar, posiblemente por el mismo grupo armado que los atacó.

Lo ocurrido provocó gran indignación en la sociedad, religiosa y civil, de Chihuahua, a pesar de que Cerocahui es un pequeño pueblo de unos mil habitantes, la información trascendió a la comunidad internacional.

Integrantes de la Diócesis de Tarahumara y la comunidad en general declararon en aquél entonces:

La tristeza nos invade, no solo por los que hoy caen, sino por todos aquellos que han muerto, consecuencia de una guerra absurda y estúpida”, y “los padres jesuitas murieron en la raya”, destacando que los secerdotes eran parte del pueblo, y siempre estaban dispuestos a ayudar a quien lo necesitara.

El gobierno federal no tardó en mandar apoyo, por órdenes del Presidente López Obrador, llegaron investigadores y fuerzas del orden a colaborar con las instituciones locales para resolver el caso.

AMLO mencionó durante su conferencia de prensa el pasado miércoles, que el presunto responsable de este ataque era José Noriel Portillo, alias “el Chueco”, que tiene una orden previa de captura por asesinato, se cree que hace 6 años, se unió al cartel de Sinaloa, y desde entonces, ha sido sicario para la organización criminal, y aparentemente radica en el poblado de Cerocahui.

A pesar de saber esto, no han podido aprehenderlo, ya que, según fuentes locales: “siempre está fuertemente armado, pues pobladores de Cerocahui e integrantes detenidos de su grupo, mencionan que “el Chueco” siempre porta un lanzagranadas”.

La mañana del miércoles, la Fiscalía de Chihuahua anunció una recompensa de 5 millones de pesos, a quien diera información que conduzca a la captura del asesino. Esa misma mañana, el Papa Francisco, se pronunció por los jesuitas asesinados durante su audiencia general, donde mencionó: “Denunciamos el homicidio de nuestros hermanos (…) Exigimos justicia y la recuperación de los cuerpos de nuestros hermanos que fueron sustraídos del templo por personas armadas».

Ahora se sabe, por Hernán Quezada, sacerdote jesuita y delegado de la formación de los jesuitas en México; (ya que la comunidad de los jesuitas está junto al templo) que los atacantes subieron a los dos sacerdotes y al guía de turista, o, a pesar de que el testigo no podría estar muy seguro, lo que parecían sus cadáveres, a la parte trasera de una camioneta roja.

Ese mismo miércoles, la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, envió un comunicado desde Cerocahui, en el que dijo, que se había comprobadocon ayuda de medicina forense,que 3 cuerpos encontrados, coincidían con el perfil genético los sacerdotes jesuitas de Javier Campos y Joaquín Mora, y del guía de turistas Pedro Palma.

Otro sacerdote jesuita de la comunidad, Jesús Reyes, reveló que el asesino le pidió confesión, luego de cometer el crimen. Al ser un testigo cercano, el padre Jesús Reyes, se sigue cuestinando el porqué no lo asesinaron a el, intentó convencer a “el Chueco”, de que no se llevara los cuerpos, pero aparentemente, esta acción fue realizada por alguien más.

Hernán también comentó que en esta localidad “se ha agudizado la violencia, pero creían que había cierto respeto a la iglesia”.

Este suceso violento, fue solo una representación de la violencia que todos los dias se vive en Guerrero, y en la Sierra, que desde hace tiempo, ha estado dominada por grupos criminales, que constantemente pelean entre ellos por terrenos para cultivar, y la madera que talan ilegalmente en la zona.

despirta guanjuato