369 muertos oficialmente anunciados, miles y miles de personas sin hogar, millonarias pérdidas materiales en edificios caídos, casas perdidas, objetos destruidos, un sin número de víctimas que nunca fueron encontradas, millones de corazones rotos y un mismo país unido en la tragedia.
19 de septiembre de 2017. 32 años después de aquella fatídica mañana del 19 de 1985, que dejo gran destrucción y miles de muertos en el país, un hecho que marco la historia de México y del mundo, los ciudadanos se preparaban para conmemorar ese terremoto, la ciudad se había preparado desde muy temprano para un mega simulacro que tendría la participación de toda la ciudad de México, unida para recordar a sus víctimas.

Alrededor de las 11 de la mañana, las alarmas de la Ciudad de México sonaron.
Las personas salieron de sus hogares, sitios de trabajo y demás.
Todo esto como una simple actividad de conmemoración, no suponía ningún peligro atenerse al protocolo establecido, seguir las reglas y hacer un homenaje a la unión del 85,
Pero lo que nadie sabía era que horas más tarde, el destino de México, y nuestra historia, volvería a girar y romperse, con un nuevo terremoto que azotaría la nación, haciéndola revivir una vez más, en la misma fecha, la terrible historia.

Todo transcurrió normal, el simulacro termino y la gente volvió a sus rutinas, a trabajar duro, a reunirse con sus familias, a comer con su pareja, disfrutar de la tranquilidad de sus vidas.

Y cuando el reloj marco la 1:14 de la tarde, comenzó la pesadilla camuflada en una réplica del simulacro, las alarmas volvieron a sonar en toda la ciudad de México, la gente se extrañó de que estuvieran volviendo a repicar, no se explicaban por qué si ya había terminado el ejercicio, pero de pronto….la tierra se cimbro, los cristales comenzaron a agrietarse, todo se estaba moviendo, algunos de inmediato entendieron que no se trataban de efectos especiales en el simulacro, otros mas no le tomaron importancia a pesar de lo que veían, pero del simulacro se pasó a la alarma, y de la alarma, al caos.

Las televisoras comenzaron a interrumpir su señal para unirse a una sola voz, las redes sociales informaban sobre una alarma general en la ciudad, la gente comenzó a entrar en pánico, por fin habían caído en cuenta que no se trataba de otro ejercicio, que era real, y que una vez más a 32 años el demonio había despertado y se estaba empezando a manifestar.
Su epicentro fue localizado 12 kilómetros al sureste de Axochiapán, en el estado de Morelos y tuvo una profundidad de 57 kilómetros.
El repentino terremoto se adueñó de la paz que se vivía y convirtió las calles en un pandemonio.

El presidente Enrique Peña Nieto, mediante su cuenta en Twitter, ordenó la evacuación de hospitales, escuelas, oficinas, plazas comerciales, casas, todo lugar…el mexicano debía ponerse a salvo de la inminente tragedia que se acercaba.
La intensidad aumento y las estructuras comenzaron a romperse, los altos edificios colapsaron, los techos cayeron encima de los desafortunados que no alcanzaban a correr, pues el caos y la masa de la gente era tan grande que resultaba imposible ponerse a salvo, a salvo de morir entre los escombros.
Los más adultos revivieron la pesadilla y los jóvenes sintieron el terror que en su momento las antiguas generaciones sintieron que les helo la sangre, todo se estaba repitiendo y México, era tierra de peligro.
Los vuelos fueron cancelados, ningún avión podía entrar ni salir de la ciudad, no se tenía mucha información, pero ya se hablaba de víctimas.
Los que alcanzaron a ponerse a salvo lloraban por los que no, las familias se comunicaban entre sí, algunas sin recibir respuesta, la electricidad dejo de funcionar en ciertas zonas, el caos ya reinaba por completo en México y el silencio se apodero.

Innumerable destrucción es lo que se podía apreciar en las calles, autos abandonados y aplastados por edificios, por el escombro de todo lo que el movimiento provoco.

Padres de familia desesperados pues un kínder, se había derrumbado por completo con varios niños en su interior que no alcanzaron a salir.

El movimiento termino y como si fuéramos uno solo, los trabajos comenzaron, ciudadanos pobres, ricos, policías, criminales, celebridades, niños, adultos, ancianos, todos unidos para ayudar en lo que fuera necesario, quitar una piedra o llevar una herramienta, en redes sociales se comenzaron a armar grupos de gente de dentro y fuera de la ciudad de México que se organizaron para ser voluntarios en las misiones que estaban por venir pues el caos y los destrozos eran demasiados y nos faltaban tantos hermanos que tenían la esperanza de salir de donde quedaron atrapados.
La cobertura era total, todas las televisoras del país unidas para llevar cualquier novedad a la gente dentro y fuera de la tragedia que necesitaban conocer como avanzaba la situación.

Las horas pasaron, se había logrado rescatar a uno, a dos, a 10 pero aun nos faltaban cientos y el cansancio ya comenzaba a notarse, pero nunca nos rendimos y seguimos luchando, la noche cayo y el miedo seguía haciendo presa a todo México que respiraba con el temor de una réplica que pusiera fin a las esperanzas de lograr superar la tragedia.

Incluso fuera del país se comenzaron a organizar equipos para ponerse en marcha a nuestra patria y tender su ayuda, el mundo era uno solo y estaba pintado de verde, blanco y rojo.

Ante la calamidad, el presidente de México, activó el llamando Plan MX, un plan de contingencia que fue lanzado por el gobierno mexicano en noviembre de 2014 y puesto en marcha para integrar los recursos gubernamentales y de protección civil en caso de una catástrofe mayor.

El plan integra la Secretaría de Defensa Nacional, la Marina, la Policía Federal, Pemex, la Comisión Federal de Electricidad y la Comisión Nacional del Agua, todos con un solo fin, encontrar a los que nos faltaban y salvar a los que teníamos.

Los días seguían corriendo y comenzaron a evidenciarse las causas de por qué este sismo dejo más daños que el del 85, edificios mal construidos, poca calidad en materiales, negligencia al no seguir protocolos de construcción y seguridad.

Incluso se armó toda una telenovela en torno a la tragedia cuando durante días y noches se hizo un duro trabajo para buscar a Frida Sofía, una supuesta niña que se encontraba bajo los escombros del rebsamen, niña que las mismas autoridades confirmaron que estaba ahí pero luego cuando no encontraron nada se deslindaron echando la culpa a la televisora más dominante.

Fueron días y días de angustia los que se vivieron a consecuencia del terremoto que hasta hoy en día tiene a muchas personas sin techo, ayudas que nunca llegaron, donaciones que se perdieron en el limbo, actos de corrupción de parte de los piratas del gobierno que buscaron beneficiar sus bolsillos de la tragedia y la muerte que empañaba a México.

Así es como se vivió uno de los más grandes sucesos en el país que nos dejó marcados y dejo una cicatriz en nuestra historia, cicatriz que nos deja una lección de unión, pero también otras más pues a la fecha siguen revelándose detalles macabros sobre aquel 19 de septiembre del 2017.
Pero quedémonos con lo bueno, a un año de la tragedia, celebremos a los que perdieron la vida, celebremos a las autoridades que hombro a hombro con el ciudadano, sudaron para lograr salir del hoyo, festejemos la unión que en el mundo se dio, y que demostró que cuando se trata de ser hermanos de causa, se pueden lograr grandes cosas.
A un año de la tragedia, conmemores y recordemos todo lo malo que este terremoto nos dejó, y todo lo bueno que del mexicano saco.
Pues, aunque existan malos gobiernos, sanguinarios empresarios y ambiciosos zánganos que destruyen nuestra sociedad, siempre que hay tragedia el mexicano es uno y todos somos México, todos somos verde, blanco y rojo.
Recordemos aquel 19 de septiembre de 2017 y aquel 19 de septiembre de 1985 donde México se hizo más fuerte, que viva la patria y que viva la unión.